de Sabrina Lomoro – Lago Agrio

Desde hace días intento dar voz a estos primeros meses de Servicio Civil, pero ¿cómo describir todas las emociones vividas, las miradas cruzadas, los agradecimientos sin mérito especial, salvo el de haber estado presente? ¿Cómo transmitir la belleza de la Amazonía, la música en las calles todas horas del día y de la noche, la variedad de seres vivos que habitan esta tierra tan hermosa pero igualmente martirizada?

Mientras reflexiono sobre estas preguntas sin respuesta, resuena en mí una frase de Pablo
Fajardo
, abogado de la UDAPT, pronunciada al final de un día intenso dedicado a conmemorar los 30 años de lucha de las comunidades afectadas por las operaciones petroleras de Chevron-Texaco: “El tiempo no es oro, es vida. Tienes que aprender a vivirlo“. Desde el principio, he sentido que aquí el tiempo adquiere un significado diferente. En un contexto donde las personas luchan por su tierra, su salud y su dignidad, el tiempo se dilata, ya no medido en días y meses, sino como algo para vivir y preservar.

De 1964 a 1990, Chevron-Texaco extrajo millones de barriles de petróleo en Ecuador, dejando daños ambientales irreparables en la región norte de la Amazonía. Alrededor de 30,000 personas presentaron una demanda legal contra la compañía petrolera, buscando justicia por la contaminación que afectó a las provincias de Orellana y Sucumbíos en un área de 450,000 hectáreas. Esta es una historia de lucha, amor y resistencia que descubrí cuando llegué a Lago Agrio, Ecuador, hace seis meses, sin saber lo que estaba sucediendo al otro lado del mundo. La UDAPT es un faro de esperanza para las personas en las provincias de Sucumbíos y Orellana, originalmente afectadas por las acciones de Texaco, hoy Chevron, y aún devastadas por la industria extractiva. La misión de la organización va más allá de la lucha legal contra las compañías petroleras: es un compromiso constante para defender los derechos humanos, preservar el medio ambiente y dar voz a las comunidades y nacionalidades indígenas afectadas.

Aquí cada minuto es una oportunidad para defender el derecho a la vida, la salud y vivir en un entorno sano. El tiempo no fluye, se transforma en acción, solidaridad, conciencia. Las comunidades con las que trabajamos enseñan que el tiempo es el tejido que conecta el pasado, el presente y el futuro. Vivir aquí significa abrazar cada instante con gratitud, aprendiendo que cada momento es un regalo para preservar. En este contexto, el testimonio de la UDAPT se convierte en un canto de esperanza, un llamado a reconsiderar cómo manejamos nuestro tiempo. Una urgente invitación a cultivar la conciencia de que el tiempo es vida, y la vida merece ser vivida plenamente, sin sufrir la opresión del beneficio a expensas de nuestra tierra y de las generaciones presentes y futuras. En esta sinfonía de compromiso y resistencia, el tiempo se convierte en un valioso aliado en la construcción de un futuro donde la vida y la dignidad humana se preserven como tesoros invaluables, más allá de cualquier consideración económica.