
De Giacomo Cipolla, Tena, Ecuador
El 21 de julio de 2025 tomé un avión desde Venecia y, por primera vez en mi vida, salí del continente europeo. Al día siguiente llegué a Ecuador, donde comenzó mi experiencia de Servicio Civil Universitario. Ecuador. Un nombre que sin demasiada dificultad remite al ecuador, la circunferencia máxima de nuestro planeta. Y es precisamente sobre esta línea donde se encuentra Ecuador. Su ubicación en latitud cero tiene varias consecuencias que lo hacen muy diferente del país en el que estoy acostumbrado a vivir. Aquí, por ejemplo, el sol sale a las 6 y se pone a las 18 durante todo el año, sin excepciones. No existen las estaciones como las entendemos nosotros y el clima se mantiene prácticamente constante: húmedo, lluvioso, con temperaturas que oscilan alrededor de los 25 grados.
Al ser el ecuador la zona de la Tierra más cercana al sol, la radiación solar es más intensa y otorga al entorno una vitalidad muy particular. No sorprende, por lo tanto, que Ecuador sea uno de los países con mayor biodiversidad del mundo. Emblemática es la selva amazónica, que cubre aproximadamente la mitad del territorio nacional y resguarda una cantidad extraordinaria de especies vegetales y animales.

Pero la riqueza de Ecuador no se limita a la vida que bulle en sus bosques. En el subsuelo se esconden recursos valiosos —oro y petróleo— que desde hace décadas constituyen un pilar fundamental de la economía del país. Sin embargo, no todo lo que brilla es oro. Su extracción, cuando escapa al control, conlleva consecuencias graves: el aumento de la criminalidad, profundas desigualdades sociales, serios daños ambientales y tensiones con las comunidades indígenas, que a menudo son las primeras en sufrir sus efectos.
Son precisamente estas problemáticas las que me acercaron al programa de servicio civil. Siempre he orientado mis estudios e intereses hacia los temas ambientales y hoy me encuentro en Tena, un pequeño pueblo de la Amazonía, prestando servicio en un proyecto ambiental en apoyo a las comunidades Kichwa de la zona. Las actividades que realizo son variadas y casi a diario me encuentro haciendo cosas distintas. Tres días a la semana trabajo en la construcción de sistemas de abastecimiento de agua para las comunidades y en la realización de baños para las familias beneficiarias. De este modo tengo la oportunidad de conocer de cerca la cultura Kichwa y de aprender nociones prácticas de fontanería y albañilería que de otro modo no habría adquirido.
Un día a la semana trabajo en un huerto comunitario, ayudando donde sea necesario para que pueda dar sus frutos. Por último, participo parcialmente en un proyecto de reforestación. El objetivo del proyecto es apoyar a las comunidades involucradas en la reforestación de sus fincas (propiedades agrícolas), mediante la implementación de sistemas agroforestales, concebidos para combinar árboles frutales o maderables, aumentando la resiliencia del suelo, dañado por la agricultura y otras actividades humanas. Las actividades incluyen encuentros con las comunidades, el cuidado del vivero donde se cultivan las plantas y el monitoreo de las plantas previamente entregadas y trasplantadas.
Esta experiencia representa para mí una oportunidad extraordinaria: conocer la Amazonía con mis propios ojos y con mis propias manos, comprender su increíble valor y percibir su fuerza.

En este primer período he aprendido más de lo que hubiera imaginado: no solo competencias prácticas o conocimientos relacionados con los proyectos, sino sobre todo una manera diferente de mirar la tierra y a las personas que la habitan. Vivir junto a las comunidades Kichwa, compartir con ellas trabajo y tiempo, me ha recordado lo esencial que es cuidar aquello que hemos recibido y respetar el frágil equilibrio que une el ambiente y la vida humana. Ecuador, con su fuerza primordial y su belleza a menudo amenazada, me está dejando un profundo sentido de responsabilidad y gratitud. Sé que llevaré conmigo esta experiencia durante mucho tiempo, como un punto de referencia sólido para mi camino personal y profesional, y como una invitación constante a proteger aquello que merece ser transmitido.
